lunes, 21 de septiembre de 2026

Alejandro Costa

 He jugado muchas partidas y he perdido demasiadas.


Tal vez no las jugué bien o no entendí de qué va el juego de la vida.

Quise buscar el día y la noche arruinó la aurora,
las semillas secaron su savia
y la tierra fue incapaz de amamantarlas e iluminar su existencia.
Yo, permanecía encallado en un océano imaginario,
sin patrón, sin patria, con los bolsillos deshilachados
y un cuerpo maltrecho que tan solo era capaz de rasgar las vestiduras.

Busqué un caño de lluvia que refrescara mi mente aturdida
y en el laberinto donde un día me perdí,
seguí buscando un camino que me indicara la luz de la salida.

Y aún me encuentro allí,
rebuscando entre el polvo alguna semilla perdida
de esas rebeldes que luchan por agarrarse a la tierra que le dé vida.

He aprendido tarde,
pero ahora entiendo lo que antaño era una quimera y no una realidad,
he desencallado aquella fe que naufragó en un océano de locura,
me he dado cuenta que unos bolsillos dañados no son los culpables de mi abandono,
y aunque este cuerpo esté maltrecho,
aún queda mucho hombre en su interior para ganar alguna partida.

Al fin y al cabo,
hay que saber perder muchas veces, para aprender a ganar.

De eso va la vida.
Salud, paz y felicidad.



No sé por qué, no sé por qué ni cómo
me perdono la vida cada día.…


Me sobra el corazón (Miguel Hernández)

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