He jugado muchas partidas y he perdido demasiadas.
Tal vez no las jugué bien o no entendí de qué va el juego de la vida.
Quise buscar el día y la noche arruinó la aurora,
las semillas secaron su savia
y la tierra fue incapaz de amamantarlas e iluminar su existencia.
Yo, permanecía encallado en un océano imaginario,
sin patrón, sin patria, con los bolsillos deshilachados
y un cuerpo maltrecho que tan solo era capaz de rasgar las vestiduras.
Busqué un caño de lluvia que refrescara mi mente aturdida
y en el laberinto donde un día me perdí,
seguí buscando un camino que me indicara la luz de la salida.
Y aún me encuentro allí,
rebuscando entre el polvo alguna semilla perdida
de esas rebeldes que luchan por agarrarse a la tierra que le dé vida.
He aprendido tarde,
pero ahora entiendo lo que antaño era una quimera y no una realidad,
he desencallado aquella fe que naufragó en un océano de locura,
me he dado cuenta que unos bolsillos dañados no son los culpables de mi abandono,
y aunque este cuerpo esté maltrecho,
aún queda mucho hombre en su interior para ganar alguna partida.
Al fin y al cabo,
hay que saber perder muchas veces, para aprender a ganar.
De eso va la vida.
Salud, paz y felicidad.
No sé por qué, no sé por qué ni cómo
me perdono la vida cada día.…
Me sobra el corazón (Miguel Hernández)
No sé por qué, no sé por qué ni cómo
me perdono la vida cada día.…
Me sobra el corazón (Miguel Hernández)
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